

A veces una empresa empieza en una fábrica. Otras veces empieza en una sobremesa. En este caso comenzó con dos hermanos venezolanos en Colombia, una conversación sobre la salsa que su madre preparaba desde hacía décadas y una pregunta sencilla: ¿por qué no hacerla aquí?
En 2017, Bachaca Foods fue creada por José Enrique López Pacanins y Carlos Eduardo López Pacanins, dos hermanos venezolanos que decidieron transformar una receta familiar en marca comercial. El corazón del proyecto eran las salsas creadas por su madre, conocida como Tití, cuya preparación llevaba más de 50 años dentro de la familia.
El ingrediente central de esas recetas es el ají dulce, uno de los sabores más reconocibles de la cocina venezolana. Según reportes empresariales, la compañía compra entre 40 y 50 toneladas anuales de ají dulce cultivado en Colombia, además de cerca de 3 toneladas de cilantro, integrando producción local colombiana a una receta de raíz venezolana.
Lo que comenzó con salsas artesanales fue creciendo hacia una operación más amplia. Bachaca desarrolló dos líneas principales: salsas y pasabocas congelados, incluyendo tequeños, empanadas, cachitos y otros productos listos para preparar en casa.
Para 2023, la empresa reportaba 16 productos en portafolio y presencia en las principales cadenas del país. Sus productos podían encontrarse en canales como Makro, Farmatodo, Carulla, Éxito, Jumbo, Colsubsidio y Dollarcity, además de venta directa online.
Ese mismo año inauguraron Bachaca Food House, un espacio propio en Bogotá ubicado en Calle 113 #7-80 Local 2, concebido como punto de experiencia de marca y contacto directo con consumidores.
La compañía también informó más de 50 empleos directos e indirectos en Colombia, crecimiento del 60% en 2022 y proyecciones de expansión posteriores. Además, inició conversaciones para exportar a Estados Unidos y ya había realizado ventas hacia Venezuela.
La historia de Bachaca Foods muestra otra dimensión de la presencia venezolana en Colombia. No se trata solo de restaurantes o nostalgia gastronómica. También se trata de marcas capaces de competir en góndolas nacionales, generar empleo y convertir recetas familiares en industria.
Hoy, en Bogotá, parte del sabor venezolano también se mueve entre supermercados, freezers y estanterías.
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