

Irvin Ibarra nació en Venezuela y reconstruyó su vida en Colombia después de migrar hace aproximadamente una década. Su historia fue documentada en un reportaje internacional basado en datos y testimonios recopilados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
Antes de migrar, trabajaba como docente y también como entrenadora de fútbol. Al llegar a Colombia no pudo ejercer de inmediato sus profesiones, por lo que comenzó vendiendo café en la calle con dos termos prestados mientras buscaba estabilidad económica.
Con el tiempo se estableció en Bogotá, específicamente en la localidad de Ciudad Bolívar. Allí impulsó The Royal Family, una escuela de baile orientada a niños y jóvenes en situación vulnerable, incluyendo participantes de familias migrantes. El proyecto se convirtió en una forma concreta de acompañamiento comunitario a través de la disciplina artística.
Su recorrido representa otra dimensión de la presencia venezolana en Colombia: profesionales que no solo lograron rehacer su vida, sino que también generan impacto directo en sus nuevas comunidades. En este caso, desde uno de los sectores más complejos de Bogotá y trabajando con nuevas generaciones.
Más allá de cifras o titulares, la historia de Irvin Ibarra muestra cómo una trayectoria interrumpida puede transformarse en liderazgo local, formación juvenil y tejido social.
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