

Bogotá tiene la mayor concentración de panas del mundo: cerca de 390.000 venezolanos viven en su área metropolitana, según Bogotá Cómo Vamos. Más que Madrid, más que Miami, más que cualquier otra ciudad. Pero también es una relación antigua: frontera compartida, lazos familiares de generaciones y una cocina donde la arepa ya existía antes de las dos repúblicas. Hoy Bogotá tiene restaurantes venezolanos con más de quince años, areperías anteriores al éxodo masivo, panaderías de cachitos y bares maracuchos donde el queso blanco llega importado. La presencia venezolana aquí no es nueva: es continua, profunda y parte del paisaje cotidiano.
Bogotá tiene la mayor concentración de panas del mundo: cerca de 390.000 venezolanos viven en su área metropolitana, según Bogotá Cómo Vamos. Más que Madrid, más que Miami, más que cualquier otra ciudad. Pero también es una relación antigua: frontera compartida, lazos familiares de generaciones y una cocina donde la arepa ya existía antes de las dos repúblicas. Hoy Bogotá tiene restaurantes venezolanos con más de quince años, areperías anteriores al éxodo masivo, panaderías de cachitos y bares maracuchos donde el queso blanco llega importado. La presencia venezolana aquí no es nueva: es continua, profunda y parte del paisaje cotidiano.
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